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“Te veo, te oigo, te siento”: el camino que deben seguir los centros de acogida con las personas LGBTIQ+

Por Carlos Toledo.-

En el último trimestre del año pasado se realizó una formación de sensibilización al personal de las instituciones de la Red Departamental por los Derechos Humanos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de calle sobre la discriminación que viven las personas de la comunidad LGBTIQ+ en los centros de acogida, para avanzar en la incorporación de protocolos de protección de derechos humanos y alertas tempranas para identificar su vulneración.

La mayoría de personas LGBTIQ+ no logra ingresar a los centros de acogida o, si lo consigue, son víctimas de muchas agresiones y violencias por parte de otros internos de los centros o del personal, que no suele ser el adecuado ni estar capacitado o sensibilizado para trabajar con esta población en las instituciones.

Muchas veces, las personas LGBTIQ+ que acuden a los centros de acogida, sufren las mismas violencias de la calle.

Las personas que pertenecen a la diversidad sexual sufren mucho dentro su contexto familiar cuando deciden vivir de acuerdo a su identidad de género u orientación sexual, y en muchos casos son empujadas a vivir en situación de calle.  Cuando ingresan a un Centro de Acogida (casas hogar), en la mayoría de los casos, experimentan diferentes tipos de abusos y agresiones físicas, verbales, psicológicas y sexual, que reproducen la violencia vivida en casa y en la calle; esto las obliga a abandonar los centros, volver a la calle, e iniciar o reiniciar el consumo de alcohol y drogas.

En el departamento de Santa Cruz existe una Red Departamental por los Derechos Humanos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de calle que engloba a instituciones que luchan a favor de esta población, integrando a Centros de Acogida (hogares), ONG, instituciones de la Gobernación y Alcaldía. Sin embargo, aún existen organizaciones a las que les falta incorporar protocolos de atención y cuidado a personas LGBTIQ+.

Conversamos con Catalina Parada, una persona trans, referente del colectivo trans y de la comunidad LGBTIQ+, además de activista feminista, que ha vivido en dos Centros de Acogida desde sus 10 años, los primeros, hasta sus 17, no los recuerda muy bien. Hoy tiene 26. Ella hace una comparación en los Centros que vivió: en uno de ellos sufrió agresiones verbales, físicas, e incluso sexuales grupales, frente a lo cual el personal no hizo nada más que llevarla a un centro de salud. Cuando fue derivada a otro Centro, también sólo para hombres (aún no había hecho su transición), vivió, según sus palabras, “solo lo normal: que me molestaban los chicos diciendo: ‘denle la ropa a ellas para que las laven, porque son mujeres’”. Catalina conoció a otro chico gay en dicho centro y recuerda, textualmente: “éramos las mariposas del Hogar”.

Cuando habla del segundo centro en el que vivió, Catalina se llena de alegría y en sus ojos resplandece una luz que se apaga de repente al recordar lo vivido en el primer centro. Aún siente la tristeza, la impotencia, la rabia por todo lo que pasó, y resiente la negligencia con la que actuaron todas las personas a su alrededor que debían protegerla, que no atinaron más que a cambiarla de habitación.

Catalina Parada, activista por los derechos de las personas LGBTIQ+.

Vivir en un Centro de Acogida puede ser desafiante. Cada persona llega con una historia diferente y distintas circunstancias. Si le sumamos que parte del personal suele ser machista o conservador (la mayoría de los Centros siguen alguna corriente religiosa), hacen que la violencia y las actitudes machistas, misóginas, discriminatorias se mantengan e incrementen.

Luego de la capacitación y la sensibilización a parte del personal de la Red Departamental se están dando los primeros pasos para ir disminuyendo este círculo vicioso de “violencia”. No es una tarea sencilla, pero es algo que ayudará a que la población LGBTIQ+ pueda ingresar a algún Centro sin miedo a ser juzgada por los demás y abandonar la calle, restituir sus derechos y dignidad.

El educador Hugo Cuellar, con 24 años de experiencia en diferentes Centros de Acogida, dijo a Corresponsales Clave que el machismo se puede ver en la mayoría de los centros y afecta de manera negativa a los chicos que llegan por primera vez a un Centro, ya que “ellos llegan con la esperanza de ser protegidos, y se encuentran que los problemas de afuera continúan dentro del lugar donde están”, lo que genera malestar en estos chicos que comienzan una vida institucionalizada. Afirma también que el grado de machismo está disminuyendo en los educadores de los Centros, pero que aún el camino es largo hasta llegar a “abolir la cultura machista”

Al hablar sobre la violación a los derechos humanos, Hugo hace énfasis en el hecho de que Bolivia no cuenta con un sistema legal idóneo para quienes son víctimas de violencia verbal, física, psicológica y sexual, a pesar de que existen alertas tempranas en los Centros en los cuales él ha trabajado. Aunque también reconoce que hay muchos en los que no se cuenta con protocolos de alertas tempranas y sugiere que de ser así no es posible brindar protección a los derechos humanos de las personas institucionalizadas.

“Te veo, te oigo, te siento”, debe ser el mensaje principal en la intervención, señala Cuellar, partiendo por un mea culpa en cada centro de acogida: que cada educador pueda reconocer sus prácticas machistas y discriminatorias y, de la mano con la institución, estar más atentos al trabajo de todos y el cuidado de las personas institucionalizadas.

País: Bolivia